Sergio Fombona publicó un poema que habla de la tristeza, Mover a nada. Dice que la tristeza te hace retroceder y retroceder, pero aquello que se anhela, y que está en el pasado no se va a volver a vivir. Este poema me dejó pensando en la tristeza como una trampa. No es una fabulosa máquina del tiempo, es un retroceder a ninguna parte. Pensé en deshacerme de la tristeza. Pensé que tenía parches de tristeza en distintas partes de mi cuerpo, que me arrastraban hacia ninguna parte y que mi piel los rechazaba. Mi piel consciente, después de leer el poema de Sergio Fombona, los rechazaba, y los parches de tristeza, se esfumaban.
Quizás en primavera todos estemos un poco tristes. Por contraste con la fuerza de la primavera, o por similitud con su temperatura, hallamos zonas tristes en nuestro ser. Así fuera por la primavera o no, el poema me gustó mucho. Estoy cansada de mi viaje en retroceso, quiero tomar otro colectivo, uno que vaya para otro lado. Para la alegría y para la paz. Un colectivo que me lleve continuamente por la paz. Supongo que esta clase de viaje exige algún trabajo. El trabajo de un monje del Tíbet: sólo limpiar tu casa todos los días, alimentarte bien y seguir al maestro.
Me gusta mirar un cuadro donde están todos los maestros espirituales, está Jesús, y otros profetas cuyos nombres desconozco. Al lado de ese cuadro pondría un reloj dorado, que recuerde al tiempo. El tiempo que es amor. El tiempo que quiero cuidar. El tiempo que se encuentra en la música.
Está lloviendo hoy, la primavera no marca tantos contrastes. Mis botitas están rotas y cuando salga a trabajar podría ser que el agua me moje los pies. Recuerdo ahora el poema de Federico Bustos, Zapatos. Él habla ingeniosamente del estado de sus zapatos, y del amor y la vida. Los míos están rotos, al menos simulan ser de un material que no son y están despegados. ¿Será como en el poema de Fede? ¿Así estará mi pareja o mi vida? ¿Simulando un material del que no es y despegada? Si voy a la zapatería este modelo ya no se consigue, hay otros parecidos, en oferta por el cambio de temporada, pero estos que yo había encontrado con alegría ya no se venden. Los que hay son muy altos y yo camino mucho. Se romperían más rápido y me harían doler los pies.
Mañana voy a tomar una cerveza con Fede y otros amigos. Espero que lleven poesías.
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