lunes, 7 de noviembre de 2011

Paso como un saltimbanqui entre los durmientes

Imposible no oler los círculos fileteados en el aire de una tortilla que vuela y gira al costado de la vía. La campana suena. Hay un contraste de lo candente y lo gris que la chica que revuelve los carbones con un palo disipa muy bien. Parpadea su rimel azul eléctrico, tersura del rollo que le sobresale en el jean y los billetes que se apelmazan por el tiempo. Algunos se agolpan, se huelen, miran el celular. Un humo confuso sale de la chapa o del tren y contamina el aire, pesado, igual que mi pelo. El esmalte se salta en las uñas de sus manos negras y la tortilla, que sigue volando, se empieza a quemar. La lluvia opaca a las rosas del carbón. Las santa ritas campanean, anaranjadas, ven como corro por el andén, y hago crujir mi porción de masa.


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