Ay, si de golpe
mi anillo despertara
se que no saldría volando.
Si las lámparas conversaran entre ellas
digo, la del living con la del dormitorio
la de la cocina con la del baño
estallarían de tanto parpadear.
Y la cama, las sillas
el sillón, fijate
parecen corderos corriendo por el monte
pero lo que más me enterneció
mientras cenábamos
fue el vaso
estaba a punto de desmayarse
si no le dejábamos tocar su violonchelo.
Vos también lo besaste y él después nos dio
agua fresca.
que preciosidad delicadisima es este poema.
ResponderSuprimirun beso grande gaby, recién ahora la cabeza me hizo sinapsis de quien sos en textos y en cara! antes eran dos, ahora ya son una! soy un desastre!
besos!
(a quemar cocinas, si!)
Los objetos cotidianos de nuestra casa se impregnan de nosotros mismos, atentos a sus propietarios, guardan todo tipo de secretos...
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