miércoles, 24 de marzo de 2021

Playa de limusinas

 

Estoy cansada.

Estoy dormida.

Estoy entrando en algo que desacelera.

Estoy esperando.

Estoy poniendo en marcha los mecanismos.

Sé poco.

Compruebo qué es lo que siempre digo.

Resulto inagotable al decirlo.

Estoy sentada.

Estoy tomando nota.

Estoy creando una lista con lo que pienso.

Estoy perdida.

Estoy entera.

Estoy desnuda, sin esmalte.

Me descascaro.

Me pegoteo.

Me ilusiono.

Quiero llorar, pero mi fracaso no existe.

Estoy contenta de que las luces hayan fallado.

Estoy pensando en las frases que quiero limpiar.

La limpieza ocupa una parte de mis preocupaciones.

La descripción de cada zona pide que me detenga.

El agua trae.

El agua refresca.

Cae sobre los cuerpos.

Es recibida.

Pensé antes y pienso ahora, como en la mayoría de los momentos, en Ariel.

En Paula. En Francisco. En Lautaro. En Bety, Gustavo, Martín, Julio, Javier, Fede, María Paz, Mercedes, Agustín, Antonella, Franco, Cecilia, Luis, Laura, Enrique, Mariano, Yayi, Vivi, Raúl, Graciela, Yoyi, Sandra, Silvina, Cristian, Laura, Margarita, María, Cucu, Carlos, Gabi, Andi, Karina, Pipi, Facu, Noe, Ale, Gabo, Meli, Mario,

Vuelvo en 10 minutos.

Toque el timbre.

Golpee.

La lista es infinita.

La lista es finita.

La lista está empezando.

La larga lista de estos días.

El agua ataca.

El mosquito ataca.

La ignorancia galopa.

Ir a caballo es algo para recordar.

Irse a pique no es lo buscado.

Hay flashes.

De un momento a otro algo empieza o termina.

Se da vuelta una página.

Se escribe.

Se recita en la oscuridad.

Se escuchan trazos.

Se escucharán pasos.

Las maderas crujen.

Las puertas se abren y se cierran.

La búsqueda tiene constancia.

Se evita la contundencia.

La botella se destapa.

La botella se derrama.

La botella se recicla.

Todo puede suceder, sin ánimo de asegurarlo.

No puedo explicar que algo se detenga.

Estoy deseando que lo más sencillo permita ser tocado.

Persisto en un margen donde extender la mano es insuficiente.

No puedo explicar que algo siga.

Me amparo en una sonrisa.

Me reí cada vez que no supe qué decir.

Me reí ante la vida.

Ingreso en el espacio de lo que viví y de lo que no viví.

En forma simultánea, ese todo se extiende en torno a la risa.

En torno al silencio.

En torno a un concepto.

Como parte de un sistema.


Hay partes que se olvidaron.

Hay detalles para recordar.

Hay reclamos.

Hay necesidad de ir a otro lugar.

Hay combinaciones que no se probaron.

Hay que abrir el oído.

La mirada se ablanda.

Los alimentos deben servirse.

Los alimentos son necesarios.


En parte algo me alejó.

En parte encuentro motivos para pedir acercarme.

Sin promesas de no volver a irme.

Sin apartarme de otros caminos y sus desvíos.

¿Qué quisiera detener hoy?

Dejo que se escape este momento.


El que nada no se ahoga.

La que nada, nadando acaba.

Estoy mencionando algo que no se parece a nada.

A la nada hay que hacerla florecer.

Nada es nada.

Nada provoca nada.

Nada es la sábana.

La sábana se usó de mantel.

Para dejar de ser esclavista luche como una mujer.

Estoy sintiendo el dolor y la felicidad de no haber sido nadie.

De no haber hecho nada.

No hay nada que por nada no venga.

Nada pasa.

Nada se ve.

Voy hacia lo poroso de la nada.


Estoy a punto de hacer privado algo público.

Estoy a punto de salir y ubicarme.

Estoy a punto de establecer el cuerpo en la frontera.

Pido amortiguación a la superficie.

Romper terrones.

Los tallos se dispersan.

La hoja sorprende.

La construcción es espacial.

Las personas caminan.

La culpa se refleja.

La distancia aumenta.

Hay vibración por color.

La boca pintada muerde una flor.

Mordí el pasto.

Mordí el polvo.

Mordí el cabo de una campanita.

Dejé que los años pasaran hasta volver a encontrar esa flor.

Me avergüenzo.

Es de noche.

El motor se ahogó.

Di poca agua.

Dejé morir.

Dejé cubiertos de plata.

Dejé cartas y juguetes.

Enterré disfraces de tul.

Bibliotecas.

La lengua prueba el sabor.

Las gotas caen sobre la exposición de lo mínimo.

Cada acción traza una línea.

El resultado se esconde.

La risa se ofrece.

Lo que no cruza es impredecible.


La voz parece de espuma.

Las paredes chasquean.

La goma espuma absorbe.

Triste y cordial.

Dulce y divertida.

Propia y ajena.

Desconcentrada y anónima.

Las semillas caen.

El árbol es frondoso.

La punta del ovillo desaparece.

La perilla se pierde.

La caricia se busca.

La tapita no se destapó.

La digestión corresponde.

Me pliego.

Me desbordo.

Me ajusto.

Saludo a lo próximo.

Clavo el cuchillo.

El gato duerme sobre la goma espuma.

Con los ojos cerrados no dice miau.

Esto se fragua.

Esto se licúa.

Esto es irreprimible.

La lana estará ovillada.

La lana estará enredada.

La lana es el pelo de una muñeca.

Estoy jugando al baile de las estatuas.

El metatarso se apoya.

Las piernas se cruzan.

Los círculos se dibujan.

La onomatopeya se escribe.

Las máquinas dan puntadas.

La bocina se escucha.

La olla choca.

La ventana se corre.

El animal sueña con los músculos.


jueves, 2 de abril de 2020

*

Estoy haciendo un paso de danza
y pienso en la distribución
y la apropiación del espacio
sin escuchar la música.
No tengo un cuarto de objetos que abandoné.
No tengo la carta hablándome de nada
como arte poética.
Ni la revista
con el primer cuento
que sucedió sobre un tablero de baldosas
(aunque sin saber el nombre).
No tengo la sopera
ni el jardín de mariposas.
No tengo las fotos que saqué de una casa
con balcones sostenidos
por las ramas
de un árbol de cemento.
Pero todo está en algún lugar
y la vida
siempre tan confusa
lo sopla.
No tengo una gacela.
No tengo principio porque no sé dónde se nace.
No tengo visiones.
No tengo experiencia
ni juventud.
No tengo la altura de las circunstancias.
No tengo registro, ni tampoco remedio.
Tengo un prontuario
de imposibles emociones.